Historia

Son variadas la citas históricas que hacen referencia a esta práctica por parte de los Guanches. La noticia más antigua es una referencia de la crónica de Alvar García de S. María, que en el año 1420 escribía la crónica del Real de D. Juan II Rey de Castilla. Cuenta el obispo Rubicón, Fray Mendo, se encontraba con grandes dificultades por la desobedebencia de los señores de Lanzarote, los herederos de Juan de Bethencourt. El obispo acude al Rey y para ello envía a la Corte a un hermano suyo llamado Diego Fernández. Para que la embajada fuese más notada y eficaz, acompaña a Don Diego dos canarios de la isla de Gran Canaria “que eran cristianos y e el uno era gran luchador; Maguer que era de cuarenta años no había en la corte quien luchase con él. Este murió de dolencia que le probó la tierra”. Esto es, que le hizo daño el clima de España, que esto es lo que significaba, probar, en castellano antiguo.

Encontramos muchas más citas a los largo de nuestra historia; Fray Alonso de Espinosa que escribió su historia de Canaria por el año 1.514 refiriéndose a los guanches de Tenerife dice : “Hacían juntas entre año (el cual contaban ellos por lunaciones) muchas juntas generales: y el rey que a la sazón era el que reinaba les hacia el plato y gasto de las reses, gofio, leche y manteca que era todo lo que darse podía; y aquí mostraban cada cual su valor, haciendo alarde sus gracia en saltar, correr, bailar, aquel son que llaman canario, con mucha ligereza y mudanzas, LUCHAR…”

Otra de las descripciones aparece en El Poema de la Historia de las Islas Canarias que público el poeta lagunero Antonio de Viana, en el año 1604, es quien primero, al hablar de los guanches, además de concretar que luchaban, describe esa lucha en el Canto IV de su poema:

“…Salen luego a la luchas los mancebos
briosos, bien dispuestos y valientes,
desnudos, mal revueltos los tamarcos,
por bien de honestidad a la cintura;
demuestran lucidos los nervosos brazos,
derechos muslos y vellosas piernas.
untados con manteca, porque siendo
asidos y apretados las manos
resbalasen, mostrando sus fuerzas;
eran los dos gallardos luchadores,
el uno Rucaden y el otro Caluca…”

Otra de las citas que presenta notable interés la encontramos en la Historia de las Isla Canarias de Abreu y Galindo, escrita por los años 1590/1602, haciendo referencia a que los guanches luchaban dice:

“Adargoma era Gayre de los mas valientes canarios que había en el término de Galdar y Gariraygua, entre los de Telde, era tenido por más esforzado. Habían con sus valentías y reputaciones, acrecentado muchos ganados; como siempre las diferencias que había entre los canarios, por la mayor parte eran sobre los pastos, sus pastores se fueron a quejar cada uno a su señor. Juntándose las diferencias que tenían sus pastores; y de conformidad lo dejaron y pusieron en la fortuna de a batalla de la lucha, del que venciese con tal concierto, que el rendido dejase al pasto a su contrario y estuviese a la voluntad del vencedor?”

José de Viera y Clavijo que escribió su Historia de la Islas Canarias por el año 1776 dice sobre el particular: “Eran también los isleños grandes luchadores consumados. Ungíanse con grasas de animal y jugos de yerbas para disponerse al combate…”

Existen muchas más citas (Torriani, Agustín Millares…) que confirman que los aborígenes canarios practicaban la lucha y resaltando los distintos autores la característica de que era un deporte donde los contendientes se empleaban con nobleza y el vencedor mostraba respeto por el vencido.

Existen muchos datos que atestiguan que los conquistadores intentaron prohibir la práctica de las costumbre de los aborígenes para destruirlos como pueblo y que se adaptasen mejor a la forma de vida que estos le querían imponer. De estos hechos, entre otros, tenemos como ejemplo varios edictos del cabildo de La Laguna donde se le prohíbe a lo canarios la práctica de la lucha canaria.

Pero el canario siempre se ha distinguido por defender sus costumbres y contra el desprecio por parte de las autoridades castellanas ellos siguieron practicándolas y tenemos variadas crónicas de luchadas celebradas en los siglos pasados.

De estas luchas destaca una celebrada en la Isla de Tenerife en el año 1834 y que conocemos gracias a la recopilación del ilustre teguestero D. Emilio Rivero (uno de los hombres más dominó el conocimiento de las distintas facetas de nuestro deporte vernáculo), en el que se enfrentaron los luchadores de la isla divididos en los bandos norte y sur.

Fue denominada lucha de la “Media Montaña” por haberse celebrado en el lugar de este nombre, en el sur de la Isla, donde un accidente geográfico afecta aquella forma.

La afición por la lucha era en 1834 enorme. La división entre el Norte Sur era patente . El Norte, más civilizado y contendía con el rudo y aislado Sur. Pero la rusticidad que ha sido amiga del vigor físico, había de jugar a los del Norte una mala pasada.

Don Emilio Rivero nos recuerda este episodio en los siguientes términos:

“mañanita de 19 de octubre. El cielo azul de Canarias hacia acto de magnífica presencia. Un azul que se iba intensificando con la salida del sol.

En la “Media Montaña” se revuelven en el llano, como toros bravos, Pancho Melián, Manuel Dionisio, Manuel Llanos, y sus compañeros que han venido de Tegueste. De la soleada y marina Punta del Hidalgo ha llegado un luchador, que haciendo honor a su pueblo costero y marítimo, se llama “Pejeverde”. De los del Valle de Guerra, el más galán es Juan Pablo. El luchador que sobresale en la Esperanza no puede tener un sobre nombre tan sujestivo como “Pejeverde”. Se llama el esperancero “El ovejero”.
Han desembarcado los Pérez y los Morrillos. De Guímar están “El Correista”, “Cartaya” y los “Cruz” principalmente.

Y comienza con la salida del sol, el gran encuentro; caen ; caen y se levantan los mozos. Cada hora se presenta más reñida la lid. Los del Norte parece que ganan puestos. “El Correista” y “Pejeverde” luchan como quienes son.

Y algún luchador orgulloso de su barba y de su bigotazo, tiene que hacer a las tijeras su mayor ofrenda y sacrificio. Sin rasurar serían conocidos…Y rasurados vuelven al terrero; allí han de tirar a doce o quince más.

Pero el sol no quiere ya más cuentas con la “Media Montaña”. Las sombras de la noche amenazan ocultarlo todo. Los del Norte ven, desesperanzados, ir hacia los adversarios la diosa del juego y la fortuna…

Y erguido, perfilando su arrogante figura en la penumbra, retadores sus ojos, un luchador del Sur cruza los brazos, mira al terrero desierto, después hacia el mar. Lleva la mejor “banda del sur”. Ha sido el vencedor.
¿Su nombre?… Un canario. Pedro o Juan. No hace caso. Es del Sur y ha vencido. Un canario fuerte, viril, cuya victoria recordaremos siempre los antiguos aficionados del gran deporte”.

Otro testimonio interesante para ver el desarrollo de una luchada en siglos anteriores es una crónica de un cronista anónimo de Arrecife. El autor reconoce que la lucha canaria es el primer acontecimiento de la fiesta. La luchada tiene lugar la víspera de la fiesta por la noche, después de la salida de la iglesia o ermita, cuando ya la concurrencia es numerosa. Es significativa la celebración de este evento en plena noche, máxime en una tierra como la lanzaroteña en la que la madera es escasa y se convierte en un auténtico artículo de lujo. De ahí que se recurra para el alumbrado a “una hoguera alimentada por unas gravillas de aliagas o ahulagas, como aquí decimos, que a tiempo oportuno se tienen preparadas en la plaza del pueblo o caserío y que este país falto de bosques y de arbolado es la única leña que se consigue”.

Señala el cronista que empiezan por regla general la lucha los chicos del pueblo que compiten con los de otras comarcas, siguen a continuación poco a poco los de más fuerza hasta llegar a los hombres ya completamente desarrollados. Se forman dos bandos, cuyos partícipes son los vecinos de diferentes pueblos. El valladar de la plaza o redondel es el mismo publico, pero, “como esta barrera es tan movible a cada paso hay que hacer terrero empujándose a los hombres a los hombres de adentro para que se retiren más afuera”.

El control corre a cargo del alcalde y de los hombres más respetados que gritan “terrero, terrero”. Mas el entusiasmo de los espectadores y “el deseo innato en el hombre de no querer nadie por delante va estrechando poco a poco el círculo hasta dejarlo convertido en un pequeñísimo agujero”. Además la luz de las hogueras sufre interrupciones por descuido de los encargados de alimentarla y el humo denso de las aulagas asfixia a los espectadores y priva de la claridad de la llama a más de la mitad del terrero.
Este anónimo cronista deja una excelente descripción de la lucha que por su antigüedad reflejamos: “esta consiste en un ejercicio de destreza. Los dos hombres que luchan agarran cada uno con la mano izquierda la pierna derecha del calzoncillo de su contrario hacia la parte del muslo, y la mano derecha la colocan en la espalda del contendiente; se encorvan un poco, y después de estos preliminares que llaman pegada, lucen su agilidad por medio de las numerosas suertes o golpes de lucha que con diferentes nombres se conocen. El arte estriba en derribar uno a su contrario y hacerle apoyar en el suelo las manos, rodillas o cualquier parte del cuerpo que no sean los pies; y se tiene por luchador afamado no sólo al que sabe tirar golpes, como zancadillas o garabatos, desvíos, pechadas, sino al que sabe atajarse y contestar a tiempo que es a quien se llama luchador de contras”

El cronista recoge las disputas que se ocasionan cuando caen a la vez los luchadores: “Se da por tumbado al primero que cayó, sin embargo no siempre reina la mejor armonía ni la unanimidad de pareceres respecto a quién venció. Los interesados por cada partido intervienen dando gritos y diciendo si cayó primero este o aquel; y como la vacilante luz no permitió distinguir bien en las sombras intermitentes de la noche todos los detalles de la suerte, allí son las mil razones que los apasionados dan para convencer a los más aún apasionados contrarios. El terrero se revuelve, los gritos aumentan, unos dicen que se dé la lucha por revuelta (sinónimo de dudosa) y que vuelvan a empezar los luchadores, otros no consienten esto porque el de su bando tumbó al otro; y al fin después de mucho hablar, discutir y accionar se salva el conflicto como mejor se puede, y a fuerza de fuerzas y gritos se arregla de nuevo el mal habido terrero para seguir la lucha”.

En definitiva, la lucha no cuenta con los árbitros todopoderosos, sino que se somete a la apasionada decisión del pueblo y finaliza “cuando caen los luchadores de un partido o cuando es muy cansada”.

Pero en lo correspondiente a siglos posteriores, las luchas se celebraban por las fiestas y enfrentaban a un pueblo (partido, bando, pila) contra otro. El luchador por medio de “golpes de lucha” (luchas, mañas, técnicas) tenía que dar en tierra con cualquier parte del cuerpo de sus contrario que no fuese las planta de sus pies. El número de luchadores no estaba estipulado e iban saliendo luchadores de un lado y otro hasta que quedase un solo hombre de los dos pueblos en pie ganando la luchada. Los encuentros estaban regulados por los acuerdos a los que llegan los jueces de partido (alcaldes) y los “hombres buenos” (árbitros), que solían ser representantes de las autoridades y los viejos luchadores del lugar. Los luchadores agarraban una sola vez y luchaban hasta que se tumbasen. Si ninguno de los dos lograba vencer al contrario los hombres buenos los separaban para que descasaran para volver a agarrar después de que los hiciesen otros de sus compañeros.

Como el número de participantes era indeterminado las luchas llegaron a durar días, agarrado los atletas durante el día y la noche y todo ello encuadrado en las fiestas del lugar donde también se bailaba y cantaban nuestros sones, bebían nuestro vino en los ventorrillos. Los hijos salían al terrero para defender el honor de su padre caído, un hermano por otro, hasta que terminase la luchada.

A principios del presente siglo las luchas se empezaron a organizar entre los partidos (pueblos) con un número de luchadores determinados que solía ser de 20 luchadores por cada partido. Se hacían programas donde se anunciaba la luchada y los luchadores eran colocados en el cartel según su importancia de arriba hacia abajo.

De esta época eran muy destacados lo enfrentamientos entre los partidos de La Laguna, Santa Cruz, La Esperaza o Tegueste.

También se empezaron a realizar encuentros con selecciones de otras islas y entonces la cosa se complicaba porque en cada una de las islas se agarraba de forma distinta. Los luchadores solían agarrar una vez al estilo de cada uno y se empataba se iban a una tercera agarrada.

En Tenerife se crearon los primeros equipos a partir de principios de siglo registrándose en el registro civil. De esta época destacan “El Fomento de las Lucas de Santa Cruz” con luchadores como El Sopo……… y “Las Asociación de Luchadores Laguneros de la ciudad de Aguere”. En esta época tuvo un gran auge la Lucha en la isla de Tenerife, con ídolos como Angelito (el niño de cera) y más tarde el Pedro Rodríguez (El pollo de Las Canteras). Estallo en el año 1935 la guerra civil y este funesto suceso paralizó la buena marcha que tenía en el momento nuestro deporte vernáculo. Se volvió a comenzar a luchar a principios de los cuarenta pero de forma muy esporádica.

En el año 1943 se intentan inscribir equipos de lucha como lo habían hecho anteriormente en el gobierno civil. Los representantes de esta institución en la época envían la solicitud de inscripción a Madrid y desde allí les indican que no se inscriba y que ellos iban a crear la Federación Española de Luchas y en Canarias la Federación Canaria de Luchas donde se inscribirían los equipos. Todos estos pasos se llevan a cabo y en 1943 se crea la Federación Regional Canaria de Luchas nombrado como presidente a Don Domingo Cruz Álvarez.

Se establecen los primeros campeonatos y se cambian las normas de competición que permanecían hasta la época. El sistema del que habíamos hablado hasta hora, donde los luchadores se enfrentaban en una sola agarrada, denominado “lucha corrida”, es descartado, y se establece uno nuevo, el denominado “de las tres las dos mejores”. Los luchadores realizaban tres agarradas venciendo el que ganara más agarradas de los dos. En caso de empate a uno se iba a una tercera agarrada definitiva. Si no se tumban en esa agarrada quedan ambos eliminados. Además los equipos pasan a estar formados por un número de 12 luchadores.

Este momento de ruptura con el sistema de “lucha corrida” creo un gran descontento en la familia de la lucha canaria quedando reflejada en la prensa de la época las aireadas protesta de los más destacados luchadores del momento. Gentes que no pertenecían al mundo de la Lucha Canaria fueron cambiando nuestro deporte tradicional y para bien o para mal hoy tenemos una lucha muy distinta que a la que hemos hecho referencia durante siglos.

Según los viejos luchadores la Lucha Canaria tienen unos valores que siempre deben prevalecer para que la lucha canaria sea el deporte de nuestro pueblo: La Nobleza, (el hombre caído será levantado por su contrario y acompañado hasta su sito), siempre ganará el partido, bando, equipo que deje un hombre en pie ganando el terrero y nunca por sistema de puntuaciones. El agarre; la lucha canaria es agarre y por ello mano al calzón y a la espalda. El Luchador siempre tendrá que tumbar a su contrario, sin que se permita el sistema de separadas.

La Lucha Canaria en al actualidad esta dirigida por la Federación Canaria de Lucha para las competiciones y eventos que salgan de las competencias insulares y para estas una Federación Insular en cada una de las isla.

Existen competiciones escolares, en las categoría benjamín, alevín e infantil , organizadas por los cabildos de las distintas islas, con una fase final regional organizada por la Dirección General de Deportes del Gobierno de Canarias.

A nivel federado existen las categorías de Cadete, Juvenil y Senior. En esta última categoría existen competiciones de tercera, segunda y primera.

Fuente: www.deportesautoctonosdetenerife.es