
La tradición sigue más viva que nunca y cada año cobra más fuerza y protagonismo. La víspera de San Andrés constituye todo un reclamo para los sentidos en el municipio tinerfeño de Icod de los Vinos. La devoción por el santo se manifiesta en la reapertura de las bodegas para estrenar el vino nuevo, degustar las castañas y otros productos propios de la gastronomía isleña y dejarse llevar por el vértigo de las tablas de Icod de los Vinos que se deslizaron por las calles del casco en este 2011.
A pesar de ser un día laborable, el éxito de participación define este año el tradicional arrastre que sigue convocando a grandes y pequeños. Desde el mediodía, pero especialmente durante la toda una larga noche, las tablas causaron sensación en las calles más inclinadas como El Plano, Hércules, San Antonio, El Salto, El Sol, Los Coches o San Andrés.
Las tablas, de distintas dimensiones se elaboran normalmente en madera de tea, cubriéndolas de grasa para que alcancen más velocidad durante el arrastre. El origen de la fiesta de las Tablas de San Andrés se sitúa muy posiblemente en el siglo XVI, época en la que existió un aserradero en las zonas altas de Icod, desde donde se bajaba la madera rodando hasta llegar al muelle de San Marcos para la fabricación de embarcaciones.
A estas tradiciones se les suma, el estreno del vino nuevo o apertura de las pipas, que se mantiene tanto en la zona costera como en las medianías del municipio. El acto simbólico de descorche de la primera botella de la cosecha, reunió en la “Casa de los Cáceres” a más de 600 personas que disfrutaron de un
acto dedicado al fascinante mundo del vino en el que actuó como mantenedor el viticultor y enólogo José Eugenio Alonso quien subrayó la urgente necesidad de “conseguir la denominación de origen Tenerife para poder ser competitivos en un mercado tan complicado como el del vino”. Además, el distinguido en esta ocasión fue Don Antonio
Fernando González, propietario de la bodega “Cueva del Rey”. A continuación se degustaron los diferentes caldos acompañados de una gran variedad de deliciosas creaciones culinarias preparadas por los alumnos del I.E.S San Marcos del municipio.
(Gobierno de Canarias) Nos encontramos ante una práctica lúdica muy peculiar que se celebra, a modo de fiesta, todos los años. Las tablas de
San Andrés es un juego de vértigo, consistente en deslizarse calle abajo sentado sobre una tabla. Recibe, en parte, su denominación por la festividad de San Andrés que coincide con esta curiosa práctica.
El origen de esta manifestación pudo estar en el transporte de maderos de
un aserradero que existió en la partes altas de Icod ya en el siglo XVI. Esta práctica evolucionaría a la fiesta, coincidiendo con la aparición del vino nuevo a finales de noviembre, festividad de San Andrés. También se baraja la hipótesis de la difusión de la corsa que todavía se conserva en Funchal (Madeira) y con la que se echan calle abajo.
Como en la mayoría de las fiestas, el día más importante para la corrida de las tablas es la víspera. El vino nuevo es el centro de la fiesta, constituyendo el motivo de reunión y la bodega el punto de charla con los amigos que acuden a festejar el día.
La tabla tiene las dimensiones justas para ser ocupadas por el individuo sentado; el tablón es mucho mayor, pudiendo llegar a albergar a 10 ó 12 personas. El tablón puede ser incluso la hoja de una puerta antigua. Las maderas que se emplean son preferentemente de tea de pino, fundamentalmente por su dureza y resistencia. La tabla se prepara adaptándola al apoyo delantero de los pies (traviesa), limando sus aristas delanteras para evitar cualquier roce que suponga freno, cruzando traviesas para fortalecer los bordes o la parte trasera, con el fin de proteger al ocupante de posibles choques de otra tabla. Para que la tabla se deslice mejor se le echan distintas sustancias en la parte inferior, como sebo o grasa de animal, aceite o cera de vela.
También se conoce otra modalidad semejante en Fuencaliente (La Palma), en la fiesta de El Pino de la Virgen, que consiste en una carrera de duelas, o tablas con forma convexa, formadas por parte de las maderas que componen un barril o tonel. Esta carrera consiste en deslizarse por una ladera de monte sobre el pinillo o pinocha.